
Competencia, ego y comparación: cuando dejamos de aprender.
Hay personas de las que aprendemos con muchísima facilidad
Y, en cambio, hay otras que nos incomodan bastante. Y curiosamente, muchas veces la diferencia no está en lo que saben, sino en el lugar desde el que llegan.
Porque no es lo mismo que sea un maestro o un referente a que alguien que sentimos parecido a nosotros haga muy bien algo en lo que nosotros también creemos ser buenos.
Porque entonces...
aparece la comparación.
Y la comparación tiene la habilidad de dejar de preguntar para empezar a medir.
Quién sabe más.
Quién tiene mejores ideas.
Quién recibe más reconocimiento.
Quién va por delante.
Durante mucho tiempo sentí que esas personas eran competencia.
Ahora, cada vez siento más que, si alguien cercano hace bien aquello que yo intento hacer, aparece la oportunidad de crecer mucho más rápido.
Y es que sospecho que una de las formas más silenciosas que tiene el ego de apartarnos...
es conseguir que veamos como competencia a quien podría enseñarnos muchísimo.
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