¿Por qué nos ponemos a la defensiva? La autodefensa y el miedo a equivocarnos
Reflexiones

¿Por qué nos ponemos a la defensiva? La autodefensa y el miedo a equivocarnos

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Muchas veces no estamos de acuerdo con algo que el otro ni tan siquiera está diciendo.

Y en vez de preguntar o aclarar, vamos directos a la defensa. A veces, incluso, al ataque.

En vez de una conversación, lo que se despliega es autodefensa.

Y cuando uno se siente obligado a defenderse de algo que el otro no ha dicho, se nota que hay una gran vulnerabilidad.

Porque la autodefensa no es solo una respuesta mental, es un gesto emocional: “yo no soy eso”, “yo no soy así”.

Cuando la necesidad de autodefensa es tan fuerte, lo que se esconde no es solo convicción, sino miedo a no estar en lo correcto.

Nos defendemos tanto porque algo en el otro mensaje toca una herida.

Cuando uno reconoce su humanidad…

reconoce que puede equivocarse, que su lectura puede estar sesgada, que el otro también trae su propio dolor, su propia confusión y su propia historia.

Ahí es cuando deja de pensar “tú estás mal” y pasa a preguntar: “¿qué quieres decir con eso?”.

Ya no se trata de ganar, sino de entender.

Y cuando uno desea aprender y entender antes de responder, comienza el verdadero crecimiento:

la capacidad de sostener la incomodidad, de escuchar sin reaccionar, de mantener la presencia sin sentirse atacado.

Porque una conversación no debería ser una batalla de egos.

Es un encuentro entre vulnerabilidades.

Y justo ahí, empieza la verdadera intimidad, la verdadera conexión, la verdadera filosofía en la vida cotidiana.


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